Rostros sin rastro

dc.contributor.advisorSáez Jara, Eliana
dc.contributor.authorGodoy Hernández, Paulina Rebeca
dc.contributor.authorJofré López, Carolina Alejandra
dc.contributor.editorFacultad de Humanidades y Educación
dc.contributor.editorEscuela de Periodismo
dc.date.accessioned2021-01-18T22:01:09Z
dc.date.available2021-01-18T22:01:09Z
dc.date.issued2002
dc.descriptionTesis (Licenciado en Periodismo)es
dc.description.abstractEl tema de los niños perdidos ha sido poco investigado en nuestro país. Los primeros registros de niños que deambulaban por las calles del Gran Santiago son de la primera mitad del siglo XX. Esto está íntimamente relacionado con el extravío de menores, quienes muchas veces abandonan el hogar para refugiarse en la dureza de las calles. Entre los años de la depresión financiera mundial de 1929 y la crisis económica y social provocada por la Segunda Guerra Mundial, se registró un aumento del abandono y vagabundaje infantil en la capital de nuestro país. Se estimaban entre 4 y 10 mil niños desamparados, abandonados a su suerte y sin ningún tipo de protección. A nivel nacional , la cifra llegaba entre los 45 a 60 mil. El primer Juzgado especial de menores creado por la Ley número 4.447 sobre la Protección de Menores en 1928, tenía la atribución de decidir en casos de desprotección del menor dentro de su familia, abandono de hogar y delincuencia. En muchas ocasiones, los niños eran detenidos hasta 5 ó 6 veces para luego ser dejados en libertad por el Tribunal , ya que la Casa de menores de Santiago- institución establecida por la Ley antes mencionada -, no daba abasto . El niño de la calle se refugiaba en grupo, jamás andaba solo, siempre "apatotados" con otros menores, dormían bajo los puentes del río Mapocho, en las laderas del cerro San Cristóbal, hecho que no ha variado con los años. Además, surgen los vendedores ambulantes, menores que cuidaban automóviles, cantantes de góndolas, vendedores de dulces y confites , los suplementeros, los lustrabotas y cartero, los que realizaban mandados en las estaciones de trenes, vegas y mercados. Se hizo una costumbre ver a niños vagos pedir limosnas y realizar lamentables espectáculos para obtener monedas, como una manera de sobrevivir en la crudeza de la calle. Ha pasado casi un siglo y el panorama en el centro de Santiago no ha cambiado mucho, los menores continúan escapando de sus hogares y a la vez desapareciendo, ¿ se esconden o realmente se pierden? . Son muchas las hipótesis que existen respecto a lo que pudo haber sucedido con estos pequeños. Algunas de ellas han causado impacto en la sociedad chilena, y han dejado desconcertados hasta a la policía. Muestra de esto es el impresionante desenlace que tuvieron los casos de las liceanas de Alto Hospicio. La aclaración de estos crímenes provocó conmoción en todo el país. Dejó ver las desigualdades de una sociedad que no trata de la misma forma a todos sus miembros. Las siete niñas no sólo fueron víctimas del psicópata, Julio Pérez Silva, sino también de los prejuicios de la policía, el poder judicial, el gobierno y la prensa.es
dc.identifier.urihttp://repositorio.unab.cl/xmlui/handle/ria/17566
dc.language.isoeses
dc.publisherUniversidad Andrés Belloes
dc.subjectTráfico de Menoreses
dc.subjectAbuso Sexual Infantiles
dc.titleRostros sin rastroes
dc.typeTesises
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